lunes, 31 de marzo de 2014

Justo llega ese día, el día en que te encantaría parar el tiempo, en el que te gustaría sentir el momento. Si justo ese en que dejaría caer el telón del teatrillo, en el que dejaría que por un sólo instante mi corazón hablase sin determinación, que balbucease en idiomas inteligibles y riese sin sentido.Ese en el que cada minuto se enlentece para saborear cada una de las sensaciones, para sentir cada uno de los palpitantes momentos que encierra la oscura serenidad.
Pero no puedo sentirlo, ya hay un agujero en mi interior, ese mismo que hace eco cuando preciso escuchar el son que marca el débil latido de mi interior, ese que se amplifica cuanto más se aproxima esa parte de mí que poco a poco y sin quererlo se aleja. Si, esa misma que  tenía segura y garantizada un mes atrás y que aunque palpitan al unisono, se necesitan inevitablemente.

No sé que habrá echo conmigo, no sé lo que ha alterado, no logro comprender como ha entrado tan deprisa que ni siquiera se ha dado cuenta que de un tirón se ha llevado una parte de mí...