Sigues encendiendo esa lamparilla por las noches, mirando ese estúpido cuadro al acostarte, colocando por orden alfabético todos los libros de tu estantería, cepillando ese pelo perfecto y encerrando noche tras noche aquello que causaba tus desvelos. Sigues premiando la cortesía, el orden, la entereza, la planificación, los deberes y quehaceres, cuadriculas tu existencia y encasillas tu recuerdos. Intentas deshacerte de ese sentimiento de caos constante que antes perturbaba tu vida, pero sigue ahí palpitando en lo más profundo, esperando que por alguna extraña razón se abra paso.
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